martes, 18 de agosto de 2015

Recuperando viejas lecturas: Sobre el intrusismo en la fotografía

En alguna ocasión he tenido una discusión con algún fotógrafo profesional sobre el intrusismo en la fotografía. Incluso alguna vez empecé a preparar un post como este, en el que iba rebatiendo, uno por uno, los argumentos que este fotógrafo utilizaba en las redes sociales. Finalmente no llegué a publicar aquel post, pero revisando una lista de enlaces guardados me he encontrado con esta perla, y os la traigo aquí, porque toca ese tema utilizando mis mismos argumentos...

La "percha" de la que colgar el tema es la cifra de 200 millones de usuarios de Instagram, alcanzados en marzo del pasado año. En Diciembre de 2014 llegaron a los 300 millones, por lo que debemos estar a punto de superar los 400 millones, si no se han superado ya...

Aprovechando las condiciones de uso de Xatakafoto, la página de la noticia original, voy a reproducir parte del texto de Juan Carlos López (@juanklore), que suscribo al 100%. El post original y completo lo podéis encontrar en http://www.xatakafoto.com/opinion/los-200-millones-de-usuarios-de-instagram-y-el-intrusismo-columna-de-opinion.

Conozco a algunos fotógrafos profesionales a los que no les alegra que se produzcan hitos como el que Instagram está celebrando. En vez de contemplar este auge de la fotografía como algo positivo, creen entrever un intrusismo que, en mi opinión, realmente no existe.

Sinceramente, estoy convencido de que ningún fotógrafo profesional debe temer el intrusismo. La profesionalidad no surge por generación espontánea. Como sabéis, dominar esta forma de expresión artística requiere formación, práctica, dedicación, una gran capacidad creativa… No nos engañemos; cualquiera no puede ser un fotógrafo profesional. Al menos, uno realmente bueno.

Los mejores profesionales seguirán adelante. Su trabajo no puede ser ensombrecido por las fotografías publicadas por los aficionados en las redes sociales. De hecho, pueden utilizar estos mismos medios para llegar mucho más allá de los límites que nos han impuesto hasta no hace tanto los recursos tradicionales.

Quizás me equivoque, pero no imagino a Sebastião Salgado, Steve McCurry, Michael Nichols, Alberto García-Alix o Chema Madoz disgustados al contemplar a un puñado de aficionados tomando fotografías con sus smartphones o cámaras compactas. Todo lo contrario. Precisamente, me viene a la mente una frase que Chema Madoz pronunció en una entrevista que publicamos en Xataka Foto hace ya unos años: «Ahora es cierto que hay más gente que utiliza la fotografía, pero, por ejemplo, todo el mundo tiene lápiz y papel, y no por ello se complica la situación de los escritores». No puedo estar más de acuerdo.

¿De verdad creéis que los taxistas se quejan de intrusismo cuando lleváis a un amigo en el coche o que los cocineros se echan temblar cuando invitáis a vuestros amigos a casa a comer? Lo mismo pasa en la fotografía... Las quejas vienen cuando alguien gana dinero y no paga los impuestos que debe. Pero eso no es privativo de los fotógrafos: les pasa a los fontaneros, a los pintores, a los peluqueros, etc. También a los taxistas de los que he hablado antes, por aplicaciones sociales como Uber. El problema, como vemos, no es de la fotografía, sino de la economía sumergida que pueda haber, y esa es otra historia...

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